Qué es la lumbalgia
La lumbalgia es el dolor localizado en la zona lumbar, la parte baja de la espalda que queda entre las últimas costillas y los glúteos. Puede aparecer de golpe tras un esfuerzo o instalarse poco a poco, y a menudo se acompaña de rigidez o de la sensación de tener la espalda «cargada».
Según el tiempo que dura se habla de lumbalgia aguda (menos de unas seis semanas), subaguda (entre seis y doce) o crónica (más de doce semanas). En la mayoría de los casos no se identifica una lesión concreta que la explique y se habla de lumbalgia inespecífica, lo que no significa que el dolor no sea real: significa que no hay una causa estructural única a la que atribuirlo.
Causas y factores habituales
Rara vez hay un único motivo. Lo más común es que se sumen varios factores que sobrecargan la musculatura y las articulaciones de la zona.
- Esfuerzos o movimientos bruscos, como levantar peso sin flexionar las rodillas o girar el tronco con carga.
- Posturas mantenidas durante muchas horas, sobre todo sentado frente al ordenador o conduciendo.
- Poca actividad física y musculatura del tronco poco entrenada.
- Estrés y mal descanso, que aumentan la tensión muscular y la sensibilidad al dolor.
- Trabajos con carga física repetida o con vibraciones.
Cómo se manifiesta
Si el dolor baja por la pierna, se acompaña de hormigueo o de pérdida de fuerza, conviene consultarlo, porque puede indicar que está afectada alguna estructura nerviosa.
- Dolor en la zona lumbar que puede extenderse hacia los glúteos.
- Rigidez al levantarte por la mañana o tras estar mucho rato sentado.
- Molestia que aumenta con ciertos movimientos o posturas y cambia a lo largo del día.
- Dificultad para agacharte, calzarte o incorporarte con comodidad.
Qué suele recomendarse en el día a día
En la mayoría de los episodios las pautas generales van en la misma dirección: moverse con suavidad en lugar de quedarse inmóvil. Son recomendaciones generales y cada caso es distinto, por eso conviene adaptarlas con ayuda de un profesional si el dolor persiste.
- Mantén una actividad suave, como caminar, dentro de lo que te resulte tolerable, y evita el reposo prolongado en cama.
- Cambia de postura con frecuencia y levántate cada cierto tiempo si trabajas sentado.
- Al levantar peso, acércalo al cuerpo y flexiona las rodillas en lugar de doblar solo la espalda.
- Si te resulta agradable, aplica calor local durante un rato.
- Cuida el descanso y los momentos de pausa: el cansancio y el estrés empeoran la percepción del dolor.
Qué puede hacer un fisioterapeuta
La fisioterapia es una profesión sanitaria que trabaja con el movimiento y la función del cuerpo. En la primera cita el profesional suele preguntarte por tu historial, cómo empezó el dolor y qué actividades te lo agravan, y explora la movilidad y la fuerza de la zona.
A partir de ahí propone un plan que puede combinar técnicas manuales, ejercicio terapéutico adaptado a ti y pautas para tu día a día, como la forma de sentarte, levantar peso o retomar el deporte. Lo habitual es que te explique cuántas sesiones plantea y cada cuánto, y que vaya ajustando el plan según cómo evoluciones.
Cómo elegir a un profesional
- Comprueba la titulación del profesional y, si lo prefieres, su número de colegiado, que puedes pedir al centro.
- Pregunta cómo se plantean las sesiones y qué incluye cada una.
- Desconfía de quien promete resultados concretos o plazos cerrados: cada persona evoluciona de forma distinta.
- Valora la ubicación y el horario, porque un plan por sesiones exige cierta regularidad.